Artículos sobre Soja

Sobre la soja existe una enorme desinformación, tanto en la población general como entre los profesionales sanitarios. Es frecuente escuchar que los fitoestrógenos de la soja pueden elevar  el riesgo de cáncer y que son en general “disruptores hormonales”. Esta idea traduce un desconocimiento de qué son exactamente los fitoestrógenos y cómo actúan sobre los receptores estrogénicos alfa y beta.

 

Hasta mediados de los años 90 no se conocía más que un receptor estrogénico en los tejidos animales. Sin embargo en esos años se identificó otro y desde entonces se sabe que en los tejidos animales, incluyendo los humanos, hay dos receptores para estrógenos: alfa (el clásico) y beta (el “nuevo”). Estos dos tipos de receptores no se expresan igual en todos los tejidos y sus efectos al activarse no son los mismos, de hecho tienden a ser opuestos. El receptor alfa tiene en general efectos proliferativos mientras que el receptor beta tiene efectos antiproliferativos.  

La diferencia principal entre el estrógeno animal, estradiol, y los fitoestrógenos, es que los fitoestrógenos tienen mucha mayor afinidad por el receptor beta que el estradiol y en condiciones normales se unen a este receptor y no al alfa. Los fitoestrógenos se consideran agonistas beta potentes y agonistas alfa débiles.

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Parece que los fitoestrógenos tienen propiedades estrogénicas débiles en tejidos como los huesos y los vasos sanguíneos y antiestrogénicas en mama, úero y próstata, lo que conduciría a un potencial efecto protector sobre el cáncer en estos tejidos por su efecto antiproliferativo. En este sentido los fitoestrógenos se han comparado con el tamoxifeno, un modulador selectivo del receptor estrogénico con el que comparte algunas propiedades y mecanismos de acción; o con el raloxifeno, otro modulador selectivo que se usa en la protección frente a la pérdida de masa ósea. 

Zhou T, Meng C, He P. Soy Isoflavones and their Effects on Xenobiotic Metabolism. Curr Drug Metab. 2019;20(1):46-5
Wei Y, et al, China Kadoorie Biobank Collaborative Group. Soy intake and breast cancer risk: a prospective study of 300,000 Chinese women and a dose-response meta-analysis. Eur J Epidemiol. 2020 Jun;35(6):567-578.

En las últimas tres décadas decenas de estudios poblaciones han mostrado que el consumo de soja tiene un efecto neutro o protector sobre diferentes tipos de cáncer en hombres (próstata) y en mujeres (mama, endometrio, ovario).

 

Específicamente sobre el cáncer de mama, los datos sugieren que un mayor consumo de soja, especialmente cuando tiene lugar en la infancia y la adolescencia, reduce la incidencia de este cáncer. Entre las supervivientes de cáncer de mama, un mayor consumo de isoflavonas se ha asociado con menor riesgo de recurrencias y mayor tiempo de supervivencia. Este efecto se ha visto incluso más marcado en las mujeres con mutaciones de los genes BRCA1 y BRCA2.

 

La Sociedad Americana de Oncología dice literalmente que “actualmente, las evidencias no indican que exista algún peligro para las personas resultante de comer soya, y los beneficios para la salud parecen superar cualquier riesgo potencial. De hecho, existe cada vez más evidencia de que comer alimentos tradicionales a base de soya como tofu, tempeh, edamame, miso y leche de soya puede reducir el riesgo de cáncer de seno, especialmente en las mujeres asiáticas.”

Con los datos actuales, decir a una paciente con cáncer de mama que elimine la soja de su dieta es contrario a la evidencia científica y puede suponer un perjuicio para su salud y su supervivencia.

En cuanto a la alimentación de los lactantes con fórmulas de soja, una revisión sistemática del año 2014 mostró que los patrones de crecimiento, salud ósea y funciones metabólicas, reproductivas, endocrinas, inmunológicas y neurológicas eran similares en lactantes alimentados con fórmulas de soja comparados con lactantes alimentados con fórmulas de leche de vaca o en los niños alimentados con leche humana. Esta revisión no encontró efectos adversos del consumo de fórmulas de soja ni a corto ni a medio ni a largo plazo. El único problema podrían presentarlo los lactantes con hipotiroidismo congénito, por los efectos de la soja sobre la absorción de la hormona tiroidea. En estos niños puede ser mejor idea usar una fórmula de arroz hidrolizado. 

 

A continuación puedes encontrar otros artículos recientes que analizan el efecto de la soja en la salud humana:

 

Messina M, Mejia SB, Cassidy A, Duncan A, Kurzer M, Nagato C, Ronis M, Rowland I, Sievenpiper J, Barnes S. Neither soyfoods nor isoflavones warrant classification as endocrine disruptors: a technical review of the observational and clinical data. Crit Rev Food Sci Nutr. 2021 Mar 27:1-57.
Esta es una revisión crítica de 417 estudios científicos (229 estudios observacionales, 157 estudios clínicos y 32 revisiones sistemáticas-metaanálisis) sobre los efectos de la soja y de las isoflavonas en la salud humana. El análisis de todos los datos disponibles muestra que el consumo de soja no afecta negativamente a la función tiroidea, a la fertilidad masculina o femenina, ni al tejido mamario o endometrial. EL consumo de alimentos con soja no afecta al inicio de la pubertad y es seguro en mujeres embarazadas, dando el pecho y en mujeres que tienen o han tenido cáncer de mama.
Sekikawa A, Higashiyama A, Lopresti BJ, et al. Associations of equol-producing status with white matter lesion and amyloid-β deposition in cognitively normal elderly Japanese. Alzheimer’s Dement. 2020;6:e12089-e12098.
Este estudio analizó, en 91 hombres y mujeres japoneses con una edad media de 82 años y con un nivel cognitivo normal, los niveles séricos de equol, un metabolito de la isoflavona de soja daidzeína con propiedades antioxidantes y anti-amiloidogénicas, que se produce por la acción de bacterias intestinales específicas. Los participantes se sometieron a resonancia magnética y PET 6 a 9 años después de recogidas las muestras de sangre. La mitad de los participantes del estudio eran productores de equol, y estos se dividieron en altos y bajos productores. Comparando los no productores, los productores bajos y los productores altos, el porcentaje de lesión de la sustancia blanca (que es factor de riesgo para desarrollar deterioro cognitivo y demencia, y que predice mortalidad por todas las causas) se asoció inversamente con el estado productor de equol, incluso después de ajustar por hipertensión, apolipoproteína E (APOE) 4, sexo y otras covariables. Los altos productores de equol tenían un 50% menos de lesiones en la sustancia blanca que los no productores.
Fraser GE, Jaceldo-Siegl K, Orlich M, Mashchak A, Sirirat R, Knutsen S. Dairy, soy, and risk of breast cancer: those confounded milks. Int J Epidemiol. 2020 Feb 25:dyaa007.
Este estudio evaluó la ingesta dietética de casi 53.000 mujeres estadounidenses y su relación con la aparición de cáncer de mama durante los siguientes 8 años. En comparación con un consumo de leche bajo o nulo, una mayor ingesta de leche de vaca se asoció con un mayor riesgo de cáncer de mama, independientemente de si la leche era entera, semidesnatada o desnatada. El consumo de tan solo 1/4 - 1/3 de taza de leche de vaca por día se asoció con un incremento del 30% en el riesgo de cáncer de mama, mientras que si la ingesta era de una taza por día, el riesgo aumentaba al 50%, y si era de 2-3 tazas por día, el riesgo aumentaba hasta el 80%. La sustitución de leche de vaca por leche de soja disminuía el riesgo de cáncer de mama en un 30%.
Applegate CC et al. Soy Consumption and the Risk of Prostate Cancer: An Updated Systematic Review and Meta-Analysis. Nutrients 2018; 4;10. pii: E40.
Este metaanálisis de treinta estudios encontró que la ingesta total de alimentos de soja, genisteína, daidzeína y alimentos de soja no fermentados se asociaron significativamente con un riesgo reducido de cáncer de próstata. La ingesta de alimentos de soja fermentada, la ingesta total de isoflavonas y las isoflavonas circulantes no se asociaron con el riesgo de este cáncer. Ni la ingesta de alimentos de soja ni la cantidad de isoflavonas circulantes se asociaron con el riesgo de cáncer de próstata avanzado, aunque los estudios disponibles sobre este aspecto son limitados.